Ejercicio de la carta de Faulkner

Ejercicio de la carta de Faulkner

Maracaibo; 17/06/2010

Querida Mónica:

Hace algunas semanas me fui de viaje. Eran las nueve de la noche cuando transitábamos por la carretera y se nos pinchó una llanta. De paso de que era muy tarde para andar caminando por ahí, el chofer no tenía repuesto.

Al ver que no se resolvía el problema, un grupo de compañeros y yo decidimos irnos a la casa más cercana para refugiarnos. Como era de esperarse,  nos perdimos. Y a medida de que avanzamos, todo se tornaba más difuso.

En la vereda a la orilla de rio, encontramos a Chag (un aborigen perteneciente a la tribu de los Nuse) él nos llevó a Jolang, su aldea.

Los Nuse son una comunidad legendaria pero muy poco conocida. A simple vista parecen una tribu común y corriente con bohíos, hamacas y las típicas alpargatas.

Cuando llegamos a Jolang, pude ver al Milko el gran jefe de la aldea. Chang dijo que él era el hombre más sabio pero también el menos sociable.

A nosotros nos dejaron en un bohío apartado del sitio donde ellos habitaban. Cada vez que queríamos acercarnos para conocer sobre su cultura, Chang nos evadía con el protesto de que sus costumbres eran sagradas. Luego de una semana decidimos ir a ver el gran bohío, aquel que se ubicaba en el centro de la aldea y se hallaba rodeado por los demás. Al escuchar esto,  Milko se enfadó y nos pidió irnos de la aldea.

Tú sabes que cuando quiero descubrir algo simplemente lo investigo.

Recogimos nuestros bolsos y ellos nos escoltaron hasta la salida. Mis compañeros se fueron al sentirse rechazados. Pero yo no. Yo me quedé allí a las afueras de la aldea, escondida entre los arboles y la maleza; esperando el menor descuido introducirme de nuevo en aquella población, mas esta vez como polizonte.

Al caer la noche,  aproveché que los guardias dormían. Entonces corrí sigilosamente atravesando toda la aldea hasta llegar al misterioso bohío de los Nuse.

Este también se hallaba custodiado por guardias. Estuve parada detrás de un muro en la oscuridad, casi una hora, esperando alguna equivocación. Debo confesarte que estuve a punto de darme por vencida, hasta que por fin uno de ellos empezó a coquetear con una de las criadas del viejo Milko.

Me deslicé hábilmente, gateando por el suelo; mientras el guardia estaba de espaldas besándose con la chica, yo crucé la puerta y recorrí un largo pasillo oscuro. Por fin logré entrar al bohío.

Caminé como veinte pasos y de repente se encendieron unas luces, en un abrir y cerrar de ojos todo cambió.

La paja del techo se convirtió en cielorraso y el suelo arenoso se transformó en piso de mármol y del interior del suelo emergieron unas paredes blancas que rodeaban el circulo representado por el bohío.

Estas paredes contenían unas pantallas computarizadas y desde ahí se podía obtener una vista de la aldea Jolang.

Me di cuenta de que era todo un centro de operaciones. Seguí avanzando y llegué a la parte trasera donde había un cuarto lleno de cuerpos semi plásticos y semi humanos. Pero nunca me habría imaginado lo que hacían con los órganos y con los mismos cuerpos.

Escuché un ruido y me escondí debajo del escritorio más cercano. Un chico como de 20 años entró y miró las cabezas y los otros órganos.

Acto seguido, se agarró la cabeza y comenzó a girarla sobre su cuellos de la misma mera como se desenrosca un tornillo.

Yo estaba atónita…pero eso no fue todo. El chico quedó decapitado como tres minutos y con su mano buscaba otra cabeza. En efecto tomó otra cabeza y la colocó en su lugar. Se miró en el espejo, y por sus gestos, creo que la nariz no le agradó.  Por lo que agarró otra y la incrusto en la cara. Luego de esto, el chico salió del lugar.

Lo mismo podía hacerse con el resto del cuerpo y  con el cerebro. En otras palabras, si te partías un brazo o una pierna sólo tenías que cambiarla sin necesidad de ponerte un yeso. Otra vez me halle sola en le gran centro de operaciones y pude ver unas tarjeticas muy pequeñas.

Delante de mí había una gran pantalla que toqué sin querer;  enseguida se reprodujo un video el cual explicaba el funcionamiento de los nanos chips que eran esas tarjeticas casi minúsculas. Unas de las funciones de los nanos chips era añadir conocimientos a las personas.

Dicho de otro modo, si querías ser un genio en matemáticas sólo tenias que agregar la información a la memoria de la tarjetica, guardarla en ella y posteriormente desatornillarte la cabeza, meter el nano chip allí y listo; eras todo un Pitágoras o un Platón andante. Y así con cualquier otro tipo de espacialidad.

Eran las cuatro de la mañana cuando por fin salí, sin ser vista de la aldea Jolang. Descubrí el gran misterio de los Nuse, eran sólo una comunidad indígena y científica muy avanzada y que no compartían sus secretos con cualquiera.

Chag siempre está en la orilla del rio,  vigilando. El viejo Milko sigue al frente de la aldea aunque quién sabes si sea uno de los tantos Nuse que desenrosca su cabeza del cuerpo para cambiar su apariencia.

Mónica, espero que la historia te haya parecido tan interesante como a mí.

Atte: Elseny Martínez.

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