La ventana hoy tiene voz de mujer


Quien haya investigado un poco sobre la poesía venezolana contemporánea sabrá que hay grandes, simpáticas y maravillosas voces. Pero las más excepcionales tomas de palabra están en los labios de las mujeres. Hoy por hoy el futuro de nuestra poesía está en las manos de quien siempre han sido las cofrades de la vida. Las poetas venezolanas son un ejemplo de que la palabra nace en cada quien de una forma diferente, que sólo su sensibilidad individual y caótica nos presenta un verdadero hallazgo.

Y hallazgos es lo que les traigo: vengo a hablar de Jacqueline Goldberg. Nacida en Maracaibo en el 1966, de descendencia judía, llena de poder y memoria. De ella ya hemos visto publicado más de quince títulos. Yo sólo quiero hablar de tres. Uno de ellos, llamado Luba (1988), es para mí, una obra maestra. La poesía se entiende con sus ancestros a través de la palabra.

esa frontera larga y desnuda
que la atravesó

su recuerdo
su patria de trasnocho”

La poeta habla de su abuela, que huyo del holocausto y se sembró en Venezuela para que ella naciera. “vino de muy lejos// sus ojos arrastraban / una fuga de pieles y derrotas”. Así, el poder. Así, la memoria. Así, la poeta nos muestra lo tétrico de ser más que un presente, lo hermoso de recordar el pasado ajeno.

En su libro A fuerza de ciudad (1900) escribe:

“me he vuelto ceremoniosa
han dejado de interesarme los ruidos
el silencio de los demás

prefiero una copa dando vueltas por mi casa
desayunar sin asuntos pendientes
regodearme en eso de ser absolutamente solitaria
absolutamente vieja después de todo

aunque no tenga andares suficientes
ni siquiera uñas cuarteadas

quizá en otro lado el ánimo se recupere

por lo pronto no aspiro a más rutina
que mi cama deshecha y vuelta a armar
una cierta efusividad que conduzca a ventanales cerrados
al bocado de sal que me hostiga

a mis dientes suplicando cepillo
al cabo de muchos días
muchos encierros
demasiadas ceremonias

¿Qué es eso que nos embarga? Es la forma de la poesía presente en nuestro observar. Y Jacqueline se ha apropiado de la forma más sensorial y humana de decir el caos común de la vida. Un poco de fuerza, y mucho de intensidad.

El último libro que quería tratar fue un descubrimiento para hace pocos días, se llama El orden de las ramas (2003) y es un libro de poesía dialógica, lleno de pensamiento poética en bruto y mucha lumbre. Cosas como:

— ¿Decías de las sienes de los adolescentes?

— Infinitas, recias, revueltas

— ¿Decías de las caderas de los ancianos?

— Ladera esculpida a fuerza de rancios desafíos.

— ¿Y los hipocampos, las medusas, los cuervos, las ratas?

— No sé, golpes demenciales. La brutalidad es otra cosa, es el reproche de un rio ardiente, un odio muy comedido

U otro texto como este:

— Hablas poco de la muerte, de su bóveda temblorosa

— No la eludo, espero su rodeo malicioso

— Pero no dices de su inexorabilidad

— No quiero darle hogar en mi lengua, pálpito en mis huesos. Hay que dejar que la parca se repudie a sí misma. Cuando algún día vuelva por mí, arremeterá implacable; su tamiz dejará pasar las desgracias. Nos aliaremos en la misma sumisión; seremos, juntos, eso que los torpes llaman el mal

Valga esta lectura. Y si quieren acercarse un poco más a Jacqueline Goldberg, pueden visitar su blog, aunque no estrictamente poesía, si bastante interesante: http://textosensutinta.blogspot.com o su blog de poesía: http://jacquelinegoldberg-poesia.blogspot.com/

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