José Antonio Castro: Del Nacimiento a la Denuncia

 

El nacer

Encorvado como una “c” con cedilla pido a la concurrencia
que se me oiga nacer exactamente por donde todos
sin excepción alguna han nacido, que se oiga el manipuleo
hábil de las manos enguantadas y que admire el surgir
de una cabeza rapada y las coloraciones del que viene sin
querer a esto.

Demos unos vivas a los que así llegan a compartir todas
as cosas dulces y también amargas, a quebrar las
costillas de los anfitriones, a escupir en las copas
vacías de los amasadores de tesoros para tener al fin
la credencial de hombre, para fornicar sin temor a las
tablas de la ley.

Soy el estiramiento de una “c” con cedilla.
Soy el aventurero, el que se inicia, el que bebe la luz,
El que lanza estertores, el que chilla, el que no se sonroja”.

José Antonio Castro:
Del Nacimiento a la Denuncia

por Luis Perozo Cervantes
Maracaibo, 2009

Cuando me propuse comentar un libro de José Antonio Castro, no hubo rincón de mi cuerpo que no temblará de pavor ante la figura de esta leyenda de la literatura venezolana. Castro, bien conocido en el Zulia por su matrimonio con la ex-gobernadora, es uno de los poetas que ya tiene un sitial de oro en las páginas de la historia de la literatura por su obra vigente e innovadora; cuyas barreras trascienden elementos de lo temporal en un drama elevado del cotidiano existir.

“Album para delincuentes”, segunda obra de Castro, publicada en 1966, y considerada por Jesús Ángel Parra, critico literario y Jefe del Departamento de Literatura de la Gobernación del estado Zulia, como su obra mejor lograda; obedece a una denuncia, a un clamor de sensibilidad del poeta, que se incorpora en un país de complicaciones, que estruja en el vaivén de la miseria, del desconsuelo y las aplastantes realidades de una sociedad de clases.

Los sueños putrefactos

Los sueños putrefactos anclaron en mis sueños cuando empecé
a ser hombre.

Los telegramas —lo digo yo— pueden expeler el más pútrido olor.

 Los sueños putrefactos tienen traje de general sentado  en
un banquillo y tienen cara de general y tienen gordo ano
de general.

Las mujeres marchitas compartieron conmigo los sueños
putrefactos, los sueños pintados de negro,
los sueños que casi no son sueños, los sueños que se arrastran,
los sueños que expelen ese olor.”

Todo el poemario responde a una unidad, el gran canto a la metamorfosis del empleado público venezolano y el estallido social que se desinhibe y se escabulle en la figura descontenta del pueblo y en la confección de sus madres. El yo poético se transforma en tres etapas, desde un estado larval, titulado “Nacido para el mundo, donde el poeta empieza a fraguar el amor y la contracción social, crea un “yo”, que es poeta y funcionario, vehemente cómplice de las letras y la inocencia.

“Los ritos de la “o” redonda

 Los niños extendieron los ritos de la “o” redonda, calva
como una señora recién levantada de la cama.

Fue el éxtasis encarnado de la “o”, tras las líneas inciertas,
los palotes inciertos, toda la vida, el retoñar, girando
en torno a la doble barriga de una “o”.

Mas allí yo supe de la inexistencia del amor, allí pues yo
me convertí en un pequeño imbécil iniciado en los juegos
y en las trampas, allí se deshicieron las flores en mis
dedos (hábito infantil que había de perdurar, maldito
hábito que tomó mi imberbe caparazón como si fuera el suyo
y yo no supe más de los placeres duraderos, de la felicidad que
se alcanza a través de las flores).”

La morfosis continua con el segundo capitulo que Castro titulo “Nacido para funcionario público”, donde se contraponen la sensibilidad de el nacido para el mundo con la seca realidad de aquel que nació para empleado público.

“El amor del empleado público

 La distancia puede ser la misma entre la mujer
Y el empleado público, pero los ojos del empleado brilla npor
las noches, antes de rezar sus oraciones…”

(he aquí uno de los pilares del estallido, compara la opresión capitalista con el injusto trato a la mujer, el abuso a sus funciones hogareñas, todo el maltrato y desenfado del empleado público, también refleja el maltrato a la mujer. Cualquier condena al sistema que mantiene oprimido al empleado público, también es un manifiesto abierto en contra del machismo)

“… la distancia puede
Ser exactamente la misma, todos lo saben, pero hay una viceversa
cubierta de un liquido viscoso que gotea.

El amor del empleado público puede no ser amor porque los jefes
Se entrometen y dan consejos envueltos con alientos agrios. 

El empleado público decide pecular porque él sabe que ama a
la muchacha de los ojos tornasolados.

Nuevamente la luna. Nuevamente los árboles copudos. Nuevamente
la desazón pecaminosa del empleado enamorado. Nuevamente la
copulación por siempre prometida. Nuevamente los niños, con
sus mismas maridas y sus mismas sonrisas y sus mismo andares
de siempre.” 

El enfado, el conflicto, el martirio, del empleado, todo responde a un sarcófago donde reposan los poemas, una crisálida divinal, en la cual, las miserias, las contracciones sociales, el romance, la maquina de escribir para palabras bajas, todas estas realidades que se licuaron con el filtro estético del poeta, lograron la fermentación perfecta hasta producir el más excelso de los licores, la tercera parte, la hermosa mariposa monarca de colores fulgurantes que confecciona, instala y detona las bombas que las madres y las novias saben hacer u curar en el pecho de los empleados públicos, hasta que el caos reine, se haga la justicia incontrolable de lo injusto, el humo domine sobre la razón, y la historia en su devaneo, repita la progresión y el se vuelvan a ver los humos surcar el suelo a razón de las proezas de los empleados públicos.

“Confección de una bomba casera

Para confeccionar una bomba casera hay que seguir con
precisión las instrucciones, libretos magníficos donde
se habla sin rubor de poesía; hay que consultar a la madre,
porque ella sabe bien los ingredientes para que nada falta,
para que la esperada bomba tenga las coloraciones necesarias
y el sabor mortuorio. Las mujeres que aman pueden meter la mano
en el asunto pues hay un elemento indispensable en su confección,
un el elemento sin el cual no volarían las cabezas odiadas, las
ventanas odiadas, los automóviles odiados.”

Los humos 

Los humos parecen caer por sus propios pesos mientras los
ojos giran sin cesar y buscan los improvisados sitios de los
chillidos (la muchacha escondida oyó el estampido y el
constante taconeo de las botas sobre el pavimento y la palabrota
alzada como un cáliz). Sin embargo, todo sucedió de acuerdo
con los planes y por eso los humos parecían caer por sus propios
pesos y los perros tosían en las esquinas derrumbadas.

Las voces alentaron los ánimos y hubo ronroneo de motores en
las avenidas cuando de nuevo la noche se llenó de estampidos.”

Para finalizar, repito, comentar a José Antonio Castro, es una tarea difícil, espero haber dado mi apreciación acerca de este gran poema titulado “ALBUM PARA DELINCUENTES”, que en su unidad y trascendencia representa un patrimonio vívido y resonante del sentimiento poético de la Venezuela que entraba en democracia en los años 60.

Pateemos los traseros gordos

 Las calles salpican los sinsabores no buscados y las mujeres
piensan que no todo está perdido, que los perros pueden tal vez
cesar sus ladridos, que los apamates pueden dar flores doradas
nuevamente. Las mismas mujeres sobre las mismas calles piensan
que la palabra sinrazón será despedazada cuando las cornetas de
los autos entonen cantos sagrados. Entonces patearemos los
traseros más gordos para que sepan de las divinidades y el penetrante
olor del incienso saldrá por las puertas de los templos y abrazará
los cuerpos de los vendedores ambulantes y de los hombres
gordos que caminan (suele llover menudamente cuando nuestras
patadas alcanzan los traseros de los gordos y la luz suele
tener reflejos inauditos para conmemorar fechas).

Que el cielo no caiga sobre nuestras cabezas todavía, que los
arcoiris no realicen putrefactas tareas, pues nuestro trabajo
no ha finalizado aún y los vientres grávidos reservan sus
sorpresas para el exacto día.”

 Bibliografía
CASTRO, José Antonio, Album para delincuentes. Maracaibo Venezuela. Junio 1966. 80 p.
Henríquez UNEÑA, Camila, Apreciación Literaria. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba. 1974. 190 p.
NAVARRO DURAN, Rosa. La mirada al texto. Editorial Ariel S.A. Barcelona, España. 1995. 190 p.

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