Aproximaciones a las características del modo crítico de Jesús Semprum

 

—¿No existe lo futuro?

—Creí que ya se lo había dicho en otra ocasión. Lo futuro y lo pasado no existen sino por cuanto pueden convertirse en presente. Al rememorar lo pretérito, lo animamos con vida fugitiva, momentánea. La historia revive así fugazmente en nosotros. Los grandes poetas han convertido la sustancia de sus poemas en hechos presentes, indeclinables, eternos. La imaginación nos transporta fácilmente a la hora y al lugar del poema, y así retrocedemos en el tiempo.

 Jesús Semprum
Diálogos del Día
La poesía

Aproximaciones a las características del modo crítico de Jesús Semprum

por Luis Perozo Cervantes
Maracaibo, 2010


En términos generales, Jesús María Semprum Pulgar es el personaje de la literatura regional más trascendente de principios del siglo pasado. Este hombre logró cultivar diversos géneros literarios (poesía, narrativa, ensayo y dígase, intento de prosa poética), pero especialmente desarrolló, con propiedades inmortalizadoras, una conciencia lo suficientemente moderna como para rediseñar los esquemas de la visión crítica de una época, no exento por ello de ambigüedades ideológicas y subjetividades modernistas.

Podríamos decir que, el corpus de Semprum no se cimienta en un método de análisis literario riguroso —con una notable excepción en Los Diálogos del Día donde se demuestra la utilización de un método dialogical, vagamente comparado con los diálogos platónicos— más bien su crítica responde a un compendio de visiones modernistas (ilustradas principalmente por el uruguayo Rodó en su manifiesto Ariel y en los tratados de Rubén Darío), que se madurarían hasta formar una conciencia estética firme, iniciadora de la crítica como género en la nación, que imbuye a sus lectores en reflexiones espontáneas y afirmaciones apasionadas, dignas de catarsis teórica o análisis semióticos que contribuyan a la perdurabilidad y revaloración de su obra.

Es el propio Semprum un revisionista del proceso crítico de su entonces, es como todo gran escritor, un trasgresor de paradigmas e innovador de conceptos. Dice Semprum de la crítica de su época: “espíritus frívolos, venas capaces, naturalmente, para adoptar esa actitud sonriente, cortés y cordial, muy parecida a la actitud del visitante que ha de vestir su rostro de sonrisas y de verter mieles por sus labios, en la sala del amigo a quien visita”. Ese claro desmérito de las apreciaciones sosas que se venían produciendo en torno a la literatura venezolana de aquel entonces, construyó en el corpus crítico de Semprum una posición de análisis  renovadora.

Identifíquese en el siguiente texto el peso de las afirmaciones críticas de Semprum:

“La novela venezolana adquiere ya, en manos de las generaciones jóvenes, caracteres peculiares que denotan un nuevo concepto de la vida y una nueva manera de sentir el ambiente. La literatura venezolana, como la hispanoamericana en general, no es rica en novelas. Nuestros románticos, desde Fermín Toro hasta Julio Calcaño, cultivaron sin mucho ardor ni fecundidad la novela de aventuras según el gusto de la época; y sus obras están inficionadas de los amaneramientos y de las falsedades convencionales impuestas por la moda; sus libros hubieran podido escribirse lo mismo en Caracas que en Madrid, París o Roma: eran pálidos reflejos de las grandes hogueras románticas encendidas en Europa.”

El enfrentamiento con el romanticismo, ya decadente, y por consiguiente con su hijo el costumbrismo, es una constante en el criterio estético de Semprum. Afirmaciones pasionales, que no dejan de tener rasgos de realidad se condicionan a una visión sesgada de la literatura, que aunque sea contradictoria, fue necesaria en su tiempo para producir la renovación.

“En la obra ajena no nos agrada sino precisamente lo que nosotros mismos hubiéramos querido producir; y repugnamos aquello que, aun pareciéndonos armonioso y bello, no se acuerda con nuestro modo de pensar y de sentir.”

¿Es para Semprum la crítica un proceso íntimo y subjetivo? Realmente lo es. Pero ese mismo proceso está sometido a bondades éticas, a ciertos límites y respetos de rigor que muchas veces pasa por alto él mismo.

“Por eso, la manera más sensata de criticar es la que no juzga, la que se conforma con escudriñar simplemente, y construir sobre los cimientos de la obra ajena un humilde y franco edificio de comentarios.”

 

Semprum y el criterio

Jesús María Semprum define el criterio como la herramienta del crítico que es construida por la necesidad de expresión, de pronunciarse. En esté caso se refiere a ello como una cualidad de nuestra especie:

“Nuestra vanidad no puede resignarse de ordinario a que nos contentemos con el papel de curiosos del arte. El genio de la especie alienta hasta en el más oscuro cronista de la más ignorada provincia del orbe. Y como el genio de la especie es esencialmente creador, cada quién trata de crear una fábrica de ideas, emociones y palabras, aun cuando sea a través del autor de quien se habla.”

El criterio de Semprum radica en el valor de la renovación como factor de calidad. En sus textos críticos le da gran valor a la innovación estética (en los cánones modernistas en la mayoría de los casos), el atreverse a cruzar la línea del romanticismo putrefacto que se añejaba en la alejada América, para tomar posiciones en nombre del producto de Darío, el producto de su continente.

“En vez de ponerse a pintar cromos claros, cielos turquíes con nubecitas de carmín y vuelos de golondrinas, y a regoldar nostalgias apócrifas en prosa empedrada de adjetivos inertes, Garmendia se metió dentro de sí mismo, dentro de su corazón, dentro de su espíritu. Su instinto le avisó que no es contemplando crepúsculos, ni viajando en ferrocarril, ni atravesando el océano, ni pintando acuarelas confusas como se encuentra la inspiración; y por eso fue a buscarla en las profundidades de su ser mismo, a los inagotables manantiales de la conciencia.”

 

El costumbrismo en la crítica de Semprum

Un gran reto de Semprum fue siempre la sinceración crítica de la decadencia romántica. Es claro que sus elementos pasionales no le permiten escalar más en torno al estudio de ese proceso decadentístico, por lo menos, asestó un duro golpe contra la conciencia conservadora y arcaica que se negaba al cambio de las formas literarias.

“Los “costumbristas” chapoteaban en el barro; los líricos se quedaban en las nubes.”

Verdaderamente ofensivo, despectivo, poco científico pero literalmente necesario para la evolución de las formas. Será ese mismo proceso despectivo, de reafirmación agresiva el que se presentará cuando Semprum no quiera entender que existe un cambio de forma en el propio proceso de creación de sus últimos años. Semprum terminará siendo un conservador por ley natural de acumulación de razones y silogismos que fueron eficientes para formas ya superadas.

Critica al Modernismo

Siempre fue severo con las mediocridades, las medias tintas, aunque muchas veces obviaba los lugarismos comunes de los modernistas que lo rodeaban, por el mismo precepto que el acusó como opinión de visita.

“Amado Nervo era uno de los grandes hombres modernizadores de la lírica castellana. Tocóle función especial dentro del modernismo; ofreciónos en sus estrofas sutiles y dulces aquel sentimiento místico y trascendental de la naturaleza y de la vida que sólo eventualmente aparece en la obra de sus grandes coetáneos de América. Descendiente en línea recta de los neomísticos franceses, tan proclives a la malsana blasfemia como a la oración pura, heredó de ellos asimismo aquella inquietud incoherente y balbuciante que exhala de sus primeros poemas como el rumor de las aguas despeñadas que buscan su nivel. Las misiones de la vida contemplativa y claustral de sus poemas no tenían ni asomo de aquel profundo reposo pacífico que imaginamos sembrado, como galardón supremo, en los corazones consagrados con irrevocable devoción al culto divino. Su misticismo tenía muchos matices paganos, y entre las voces contritas de la fe que aspiraba deliquios ultraterrenos percibíamos a veces el ululato del fauno y la ineludible queja del hombre del siglo.”

Llamémoslo mordaz por no caer en alusiones que puedan desvalorizar sus alta importancia para letras nacionales. Envuelto el mismo discurso punzante y viseral que se advirtió al principio, Semprum cargó su escopeta plumífera en el hombro dispuesto a amedrentar a cualquier pajarraco que, según su oficio de crítico, no merezca volar más alto que sus maestros o salirse de la formación.

“La horripilante estupidez de muchos elegantes de oficio ha desacreditado al fin la elegancia. José Asunción Silva que tuvo el buen gusto de disimular su ingenio bajo las apariencias de un estricto dandysmo, como otros lo esconden bajo la costra mal oliente del bohemio, no había de ser, según yo me imagino, muy simpático para las personas inteligentes de nuestro medio. Hasta supongo que lo que admiraban en él su amigos intelectuales, era, más que las gracias del espíritu, la serenidad acuciosa e impertérrita del petimetre; y que más hondamente impresionó a un crítico su envidiable colección de zapatos que no su colección de poesías. Y la admiración surgida de semejante sentimiento no podía ser sino superficial y efímera. Por lo demás, para los hombres de letras solemnes y graves de su época, los ensayos de Silva debían de ser como entretenimientos que el gentleman desdeñoso les proporcionaba a sus fastidios, linaje de deporte nuevo y lleno de curiosidades para un espíritu aburrido.”

 Semprum en decadencia

La conciencia estética debe enriquecerse, ese es uno de los pilares iniciales de la modernidad literaria: el pluralismo de conceptos. El Semprum dócil, aplaucible, se encasquillaba como un revolver oxidado, se enrollaba cual víbora enceguecida y atacaba a cualquier manifestación de cambio o que, ridículamente, no fuera compatible con su poco renovado filtro estético.

“Barrabás y otros relatos

Caracas, 1928

Uslar Pietri, escritor de la última generación venezolana, se dice vanguardista, y sus cofrades lo aclaman y presentan como vivo testimonio de los aciertos que pueda tener un escritor de esa escuela y como ejemplo de las excelencias de la escuela misma. Don Panchito Pimentel, hombre injustamente medio olvidado ahora, decía, una vez, hablando de cierta obra de un académico y contemporáneo suyo:

—En esa obra, lo bueno no es de Fulano, y lo de Fulano no es bueno.

Más o menos podríamos imitar en cierto modo la frase para aplicarla a Uslar y a su libro, diciendo que lo bueno que allí hay no tiene nada de vanguardista y que los rasgos vanguardistas no tienen nada de bueno. En el libro de Uslar hay mucho talento incuestionable y patente pero al mismo tiempo muchas desigualdades y desaciertos, unos frutos de su deliberado y a ocasiones desaforado afán vanguardista y otros de la inexperiencia propia del autor novel. Con todo, salta a la vista que Uslar Pietri tiene madera de escritor, madera de cuentista; y es seguro que con el tiempo irá despojándose de los amaneramientos y afectaciones que le impone la escuela a que se ha afiliado y que afean a trechos las páginas de este libro.

“Barrabás”, el primer cuento del volumen, tiene bastante originalidad. Barrabás, el célebre y misterioso malhechor a quien el pueblo judío pidió que indultaran cuando Pilatos le preguntó a la muchedumbre de fanáticos a quién prefería que se concediera el indulto, si a Jesús o al facineroso. Barrabás aparece en este cuento con caracteres originales, puesto que es inocente del crimen que le achacan. Es hasta hombre puro. Este cuento es quizás el que menos extravagancias de lenguaje ofrece de todos los que forma la colección. Las influencias que predominan en la obra de Uslar Pietri parecen ser principalmente rusas. Hay allí el mismo malestar, el mismo desasosiego, la misma inquietud vaga que caracteriza a los novelistas moscovitas de las últimas generaciones. Cuando Uslar Pietri consiga dominar el instrumento del idioma, podrá contar con más eficacia comunicativa esos sentimientos, esas ideas, esas zozobras que aparecen esbozadas a veces con mucho acierto en las páginas de “Barrabás”.”

Salida rápida a un ensayo disperso

Para caracterizar a Semprum se ameritan años de investigación y estudio detallado de su obra. Pero para conocer dos de sus factores principales se necesita tan solo leer un ensayo: primero la subjetividad crítica sostenida en una conciencia estética modernista; y segundo la revisión de las vencidas estructuras románticas aún cultivadas con tradicionalismo en la nación.

Es muy cierto entonces aquel dicho que dice: “Es más fácil dar consejos que seguirlos”. La ética crítica expresada por Semprum en los textos
”Modos de Críticos” y “Notas Críticas” es de relevante importancia para un género naciente en Venezuela y como propuesta metodológica  no académica. Sin duda alguna el valor de la prosa de Semprum es de alcance continental y su justo reconocimiento dependerá de la revisión detenida de sus textos.

Finalizando, no podemos juzgar a Jesús Semprum por el proceso natural de decadencia, en la austeridad intelectual del país en la segunda década del siglo pasado. Hay que apreciar a Semprum como iniciador de la crítica literaria en el país, como autodidacta comprometido con la evolución de las letras y la consumación de una conciencia revisionista colectiva. Para ello deja un manual de análisis, quizás uno de sus legados más importantes e interesantes. A continuación se reproduce un fragmento de Notas Críticas:

“No podemos, honradamente, suponer mala fe en nadie, y así hemos de aceptar que una convicción sincera preside estos discursos y consejos; pero entonces, para las necesidades de la explicación, tenemos que concluir que el comprender no es facultad concedida a esas almas. Realmente entre comprender y admirar hay una diferencia profunda. Comprender una obra no implica necesariamente que le rindamos admiración ni mucho menos, como ha pretendido establecer alguno. Sería peligroso establecer esta confusión como verdad indiscutible. Así incurriríamos torpemente en un extremo exagerado. Si el deber del crítico es despojarse de todo prejuicio, de toda creencia anterior y hasta de predilecciones estéticas, para la tarea de apreciar y juzgar, no está siempre obligado a terminar su viaje espiritual a través de la producción juzgada, colmándola de mieles ni ciñéndole rosas de alabanza. El aplauso nace del agradecimiento. Cuanto mayor sea el goce que nos produzca, la intensidad con que nos agasaje el espíritu, más ferviente y más profundo será nuestro elogio. Ni podremos encubrir cierta frialdad indecisa, una indiferencia llena de perplejidades, ante aquella que aun pareciéndonos muy hermosa y nutrida de robustas ideas, no ha logrado conmovernos, prendernos una fúlgida chispa de entusiasmo en el corazón. Nos ocurre lo que con muchas mujeres reputadas de hermosas, a quienes todos cortejan, admiran o aman y que en nosotros no despiertan ninguna turbación, ni la más ligera, ni la turbación inesperada y efímera que siempre nos ocupa ante la visión de una belleza. Pero la indiferencia entonces se viste y disimula con alabanzas sin calor. Y no es difícil sorprender, debajo de la fina corteza florida del elogio, el hueco vano, vacío de sentimiento y verdadera emoción.”

Jesús María Semprum… un zuliano que marcó la senda del cambio.

Bibliografía

SEMPRÚM, Jesús. Visiones de Caracas y otros temas. Caracas: Ediciones de la Corporación Venezolana de Fomento, 1969, p. 327. Prólogo “La personalidad de Jesús Semprum” por Diego Córdoba. Contenido: Visiones de Caracas-Efemérides-Las Bellas Artes-Diálogos entre el viejo y el mozo-Notas críticas-La decadencia del español-La crisis de las letras-Diálogos entre el viejo y el mozo.

SEMPRÚM, Jesús. Crítica, visiones y diálogos. Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 2007, p. IX-XCI + 603. “Prólogo” por José Balza. “Cronología y bibliografía” por Ángel Gustavo Infante. “Semprúm” por Pedro Díaz Seijas. (Colección Clásica”, 236).

Pacheco, Carlos, y Luis Barrera Linares (Compiladores). Del cuento y sus alrededores.  Monte Ávila Editores Latinoamericana. Segunda Edición 1992. 580 p.

Bachelard, Gastón. La poética del espacio. Breviarios del Fondo de Cultura Económica. México. 1957. Pág. 280.

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