SOBRE LA POESÍA EN EL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

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Quizá lo verdaderamente trascendente esté escondido en la posibilidad de transformar lo cotidiano en inmortal, universal. Más que un día del poeta, el mundo necesita ser sorprendido diariamente por la poesía. Más que la cursi ceremonia de la primavera como consumación Europea de la fertilidad, el mundo necesita diariamente el florecimiento de la rosa en el poema que el poeta latinoamericano Vicente Huidobro proclamaba.
Me he topado en la vida con gente imposible: personas por las cuales ha merecido viajar a bordo de este planeta a lo largo de indecibles distancias galácticas. Esos humanos, en su mayoría, han sido poetas. Su contacto con nuestra realidad nos hace gozar el trasmutar de las horas en pasado, en recuerdos. Un poeta fundamentalmente es un transformador del mundo. Su labor, para siempre, es contradecir las comodidades de la muerte.
Esperar que el mundo no poeta celebre un día mundial de la poesía es un acto de heroísmo, de fe, ciega y mística. La UNESCO, con un acierto que aterra, convocó a la humanidad en torno al 21 de marzo de 1998, para decir que el poema y la autodeterminación de los pueblos cumplen el mismo propósito, y que ésta última, sin el poema, estaría incompleta. La importancia del poema para subsistencia del mundo es innegable. Es la pasión del poema la que mueve a los voluntarios médicos en Somalía, Palestina y Nigeria; es la pasión del poema lo que lleva a los mahometanos a su peregrinación; la pasión del poema la que condujo a Julio César a las tierras gálicas; la pasión del poema, la que perturba al desdichado corazón junto a la rocola. Nuestras motivaciones, humanas, son cuanto más reales y fuertes, más poéticas.
La humanidad sin poesía es falsa. Solo un humanismo sentido a través del poema completa el periplo de la existencia de todos los hombres en el pensamiento individual de quien lo profundice y aprenda. Nunca han sido un tiempo idóneo para la poesía; todas las generaciones han cercado al poema, lo han reducido al silencio de sus propias tribulaciones. El poema ha sido temido por reyes y amas de casa, por presidentes y ministros de cultura, aún en contra de su propia acción consciente: ya que la poesía, espíritu del arte, es la más inabarcable, y al mismo tiempo rechazada, de todas las formas puras de la expresión de la belleza. La literatura siempre será difícil, porque al mismo tiempo que se consuma como obra de arte, se piensa a sí misma y al mundo: el pensamiento y objeto artístico a la vez.
Nuestro patrimonio verbal más importante está en el poema: esa forma que recoge las posibilidades infinitas y fraternas de cambiar al mundo. No es gratuito que, en algunas de sus acepciones, la palabra profeta sea coincidente sinónimo con la palabra poeta. La poesía, en el más esperanzador de los casos, es la última religión de los hombres. El estero final de la fe en el otro, donde somos capaces de reconocer la comunión trascendente con la belleza que reside en el ser humano.
Maracaibo, especialmente, se encuentra desde hace poco más de cinco años en una situación poética elevada con relación a la nación. En Maracaibo sucede a diario, el encuentro con lo más esperado del poema. Y, como en los tiempos más oscuros las luciérnagas brillan más, los poetas se arrojan a la inmensidad de la esperanza para decirnos que sigue habiendo palabras. Hace siete años celebramos el primer Día Mundial de la Poesía en la ciudad, con el apoyo del poeta Carlos Ildemar Pérez en la dirección de la Escuela de Letras de L.U.Z., y desde entonces, ha sido indiscutible, la solvencia de esta fecha para la felicidad de los lectores. Reunirse para celebrar una primavera imaginaria; romper la fuente a una ciudad repleta de actividades poéticas. Convocar a la gente a la planicie de los sentidos, mostrarle la carne de los poetas e insistir en que son seres vivos semejantes a todos, pero con una sola facultad extraordinaria: el asombro diario de lo cotidiano, que a sus ojos, va trocándose en maravilla. Por decirle a quienes son nuestros vecinos en esta ciudad enorme: tú también puedes aprender a mirar el mundo así, solo debes leer poesía.
El día de la poesía nos recuerda que el mundo necesita al poema para definirse más allá de la idea: ser la belleza en todos los idiomas. Un día para fundamentar el curso extraviado de la humanidad y convertirlo nuestro legado civilizatorio, una bandera blanca en la inagotable lucha por la supervivencia del espíritu, más allá de lo religioso, lo político o profano. Cuando la humanidad alcance su plenitud, será testigo de un rito único, global y sorprendente: el día al año que los hombres dejan de lado el éter de colérica naturaleza, y la contradicen en el equilibro de la esencia. Un día de la poesía es la razón para que no existan nuevos días nublados; para que resplandezcas siempre el lado más puro de lo humano y la extinción sea condenada al ostracismo.
Celebremos en nuestros hogares el Día Mundial de la Poesía, con un poema, en familia. O asistamos a los cientos, sino miles de eventos, que alrededor del mundo se hacen para celebrar el primero de los lenguajes iluminados. Y aquí en Maracaibo, en la Plaza La República, concéntrate, únete, convoca a tus hermanos, a leer un poema en voz alta, para que otros te escuchen por siempre; porque lo verdaderamente trascendente está escondido en la posibilidad de transformar lo cotidiano en inmortal.

Centro de Artes de Maracaibo “Lia Bermúdez”, Marzo 2013

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